Sector · Teleprónter
El texto está delante del ojo, para que puedas mirar a la sala
Es la función por la que la gente corriente compra hoy estas gafas. Nueve casos, de una presentadora de CCTV en directo a un presidente de automotriz en las Dos Sesiones, y una charla de dos horas cuyo relato honesto dice qué cansó.
El teleprónter siempre cobró lo mismo: tus ojos. Miras el cristal, el monitor, las fichas, y el público te ve no mirarlo. Poner el texto en la lente devuelve los ojos, y ese es el producto entero.
Las demostraciones más públicas vinieron de China. Li Shufu, presidente de Geely, llevó gafas StarV Air2 en una sesión plenaria de la Conferencia Consultiva Política, con su intervención proyectada en las lentes y sincronizada a su ritmo, y la prensa tecnológica hizo de las gafas la imagen de la sesión. Lo repitió en una conferencia de inversión en Shanghái. Una presentadora de CCTV leyó la apertura de un programa en directo desde unas Rokid Glasses en lugar del teleprónter fijo del estudio, lo que le permitió moverse por el plató. El propio CEO de Rokid dio una ponencia gubernamental con las gafas de su empresa, pasando página con un anillo en el dedo, y dijo en el escenario que estaba nervioso y que no tenía guion en la mano.
Quienes lo compraron por su cuenta
Debajo del escenario hay un segundo grupo: un ingeniero de Google que dice que la IA no pierde el punto ni cuando se salta una palabra o dos, y que ahora mira de verdad al público; un ponente de TEDx que lo usa en inglés, su tercera lengua, y dice que le dio confianza; un cineasta que mantiene a la vista sus preguntas de entrevista para poder seguir una respuesta y volver; un directivo que graba vídeo a solas con nada más que una cámara de bolsillo, un micrófono de solapa y las gafas. Todos ellos son testimonios publicados por el fabricante, y todos quedan etiquetados así en esta página.
El relato de dos horas que dice el precio
El caso más útil de aquí es el de un ingeniero frontend japonés que dio una charla de unos 120 minutos con las Even Realities G1 y escribió lo que realmente pasó. Eligió el desplazamiento manual en vez del automático por IA para mantener el ritmo en su mano, y midió de antemano cuántas líneas de japonés caben en la pantalla sin desplazarse, para que su texto de apoyo encajara. Pudo seguir mirando a la sala, y el reloj integrado le ayudó a dosificar una charla larga. También le resultó cansado cambiar el foco entre móvil, pantalla del proyector y lente, y dijo que compaginar el clic de la diapositiva con los controles de las gafas se fue volviendo confuso a lo largo de dos horas. Nadie que venda estas gafas te contará esa parte.